Aunque en Cali, no se conocen casos oficialmente relacionados con el acoso sexual en el Sistema de Transporte Masivo, sí se tiene conocimiento por parte de los guardas de seguridad de las estaciones de que algunas mujeres han tenido que enfrentarse a este tipo de delitos pero no se atreven a denunciar porque creen que no sirve de nada y por esa razón no se cuentan con datos que permitan actuar de manera oportuna y proteger a la mujer de estos ataques de corte sexual.
Resulta muy común que en las horas llamadas “pico” los buses articulados reciban muchas personas y el contacto entre los usuarios sea inevitable, pero según algunas mujeres que abordan diariamente el MIO y que me buscaron para que hiciera pública esta situación, han sido víctimas de palabras obscenas y de tocamientos, en la complicidad de los pasajeros que guardan silencio y no reaccionan para hacerle valer sus derechos.
En Colombia, el Código Penal sanciona algunas formas de violencia sexual, pero las escasas medidas legales que se emplean en contra de estos abusadores les permiten la libertad y el poder de reincidir como si nada pasara.
Es importante que las mujeres comiencen a denunciar estos abusos para que no sólo desde la sociedad civil sino desde las instituciones nos unamos en torno a la protección de la mujer y en contra de cualquier tipo de abuso.
Personalmente creo necesario que se debe abrir un debate serio sobre la educación ciudadana para que dejemos de callar los ataques por los que pasan las mujeres en el país.
El castigo debe ser severo y no podemos seguir permitiendo esas decisiones laxas que no hacen más que fomentar el que se sigan presentando hechos tan graves como maltratar a una mujer física y psicológicamente.
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