¿Aberraciones de mercado?

Rodrigo Fernández Chois

Para los economistas el escenario ideal es el de la competencia perfecta, algo como el  espacio vacío para los físicos. Pero la competencia perfecta no existe debido a la existencia de fallos de mercado, particulares defectos económicos como la existencia del Estado.  Veamos un ejemplo con el mercado del trabajo.

El trabajo no es una mercancía, pero es un importante factor de producción para el cual existe una demanda, una oferta y un precio  llamado salario.  Hay un mercado preciso para cada tipo, calidad y cualificación de trabajo. El mercado de trabajo más básico y elemental tiene una oferta mayor a su demanda por lo que su precio –su salario- lo fija el gobierno. De no ser así, el salario de equilibrio de este mercado sería menor al mínimo legal debido a la ley de oferta y demanda. He aquí una intervención del Estado que se ampara en juicios éticos razonables.

En los mercados de trabajo de mayor calificación, el precio de equilibrio –el salario- dependerá de la oferta, la demanda y de la productividad marginal que el trabajador genere. Así las cosas, existen oficios muy bien remunerados que lo son justamente como consecuencia de la productividad y utilidad que crean.

¡La economía premia con altos salarios! Pero hay circunstancias absurdas en las que no existe relación  entre la productividad marginal creada y el salario devengado: caso concreto son las remuneraciones de nuestros Honorables Parlamentarios. La fijación de salarios para nuestros “HP”, no en función de su productividad es  un fallo de mercado de dimensiones colosales para el cual  deberíamos los economistas crear una categoría especial.

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