Pocas veces alguien nos hace esta pregunta, y casi nunca nos la hacemos nosotras mismas, ¿a quién le voy a dar un hijo? Planeamos que carrera escoger, que carro comprar, cuando emprender un negocio o cambiar de trabajo.
Tenemos un método para casi todo. Pero la decisión más trascendental de la vida solemos dejarla en manos de la emoción del momento, del enamoramiento o de la petición de la pareja.
Según la Fiscalía, la denunciadas por inasistencia alimentaria en 2025, y en la última década han subido ostensiblemente, son padres que existen en un registro civil, pero no en la mesa, ni en la reunión del colegio, ni en la fiebre de medianoche.
Y hay que decirlo con claridad, no todas las mujeres viven la misma maternidad.
Ser madre no es fácil, ser madre sola, sin apoyo económico ni afectivo, es mucho más difícil.
Es la mujer que no tiene con quién dejar a su hijo para ir a trabajar, para una cita médica o simplemente para descansar unas horas.
Los datos lo confirman. La Encuesta Nacional de Uso del Tiempo 2024-2025 del DANE muestra que las mujeres dedican en promedio 7 horas y 35 minutos diarios al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, más del doble que los hombres.
Si se suma el trabajo pagado, su jornada llega a 13 horas y 47 minutos al día.
Para la madre sola, esa carga no se reparte con nadie, no hay turno de relevo, no hay quien la reemplace cuando se enferma, no hay quien le diga “descansa, yo me encargo“.
Quiero ser clara, esta columna no juzga a ninguna madre soltera.
Cuando he preguntado a mujeres que decidieron serlo por voluntad propia, la respuesta suele ser la misma, no es que no quisieran un compañero, ni que no lo necesitaran, es que no encontraron a alguien que reuniera las condiciones para acompañarlas en ese viaje.
Su decisión, lejos de contradecir lo que planteo, lo confirma, elegir bien importa tanto que algunas prefieren no elegir a elegir mal.
Un hijo es de dos, y se necesitan dos para tenerlo. Lleva, queramos o no, el 50 % de la herencia genética de quien escogimos.
Y ese quién tiene que ser alguien que quiera tener un hijo contigo y que, además, quiera ser padre.
Pero, aunque el hijo es de dos, el cuerpo es uno, el tuyo. Es tu cuerpo el que crea y lleva una vida durante nueve meses, el que la pare y, muchas veces, el que la sostiene después. El padre tiene la responsabilidad de ser un buen padre, y eso no se negocia.
Pero la decisión de tener o no un hijo, y con quién, pasa primero por ti. Por eso esta columna le habla a la mujer, porque es ella quien tiene la oportunidad y el derecho de revisarlo muy bien antes.
El amor se transforma, y a veces se acaba. La filiación no. El vínculo entre un padre y su hijo dura toda la vida, sigan o no juntos los padres.
Por eso es una decisión en la que no podemos equivocarnos.
Para finalizar, hacernos esta pregunta debe ser un ejercicio diario, igual que el que hacemos para marcar un músculo.
Porque preguntarse a quién y cuándo le vamos a dar un hijo a alguien, en el fondo, es preguntarnos qué queremos para nuestra vida.
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