¿A qué se va a Cuba?

Esa pregunta puede causar sorpresa, pero resulta pertinente hacerla ya que existen serias dudas acerca del marco en el que el Gobierno va a adelantar el proceso con las Farc.

Veamos: el Gobierno se va a sentar en una mesa de conversaciones para poner fin al conflicto, en tanto que las Farc lo harán en una mesa de diálogo para la paz.

El primero busca que se dejen las armas. Los herederos de Tirofijo pretenden superar todas las causas que, según ellos, justifican la guerra, como condición previa a la pacificación.

Por otra parte, los delegados del Presidente Santos discutirán acerca de cinco puntos, al tiempo que el equipo encabezado por Márquez hablará de una agenda breve pero profunda.

De la Calle tiene el encargo de hacer una negociación rápida cuyos avances se medirán en meses, no en años.

Su contraparte, por el contrario, afirma que no se le pueden poner plazos fatales a los diálogos.

La delegación gubernamental buscará que predomine la confidencialidad habida cuenta de que la teoría y la práctica enseñan que actuar así es lo conveniente.

Para las Farc, ese comportamiento ya se agotó con la etapa exploratoria y ahora viene el momento de la participación de todos.

En fin, el Gobierno va en búsqueda de que se silencien los fusiles y las Farc lo hacen en procura de cambiarlo todo, a su gusto, claro.

Si se van a sentar, pues, en una mesa en la que los objetivos son distintos, a hablar de una agenda que cada uno de los interlocutores ve de manera diferente y en condiciones que no coinciden, ¿a qué se va a Cuba?

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