Cali, septiembre 5 de 2026. Actualizado: sábado, septiembre 5, 2026 14:00

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Historias secretas del Papado

Por: Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

Llevaría a error extremo, pretender defender creencias cerradas que sólo admitan hablar de la sabiduría y santidad de los Papas, como lanzar diatribas que sólo les involucren en comportamientos pecaminosos. Esto es común, sobre todo en las vísperas del Cónclave, tras la renuncia de Benedicto XVI. Sin embargo, desde el mismo seno clerical se levantan voces, como el reverendo José Apeles Santolaria de Puey y Cruells, que se refieren a la parte humana de los Papas y a las anécdotas al interior del mismo Vaticano.

José Apeles Santolaria de Puey y Cruells (Barcelona, 1966), conocido en Europa, simplemente como el Padre Apeles, es un sacerdote egresado del Seminario de Tortosa y cursó Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana. Es autor de “El Papa ha muerto. ¡Viva el Papa!” e “Historia de los Papas”. En Europa es muy controvertido, debido a estos dos libros y sus publicaciones, un poco irreverentes ante la jerarquía y por sus programas en el Canal 9 y Tele 5 de la televisión española.

Banco de anécdotas
“Historia de los Papas”, publicado por Plaza Janes, edición de mayo 1999, cuenta la vida papal con episodios desde el ángulo humano. Carlos Fisas, prologuista del libro, advierte que “lejos de la diatriba y la hagiografía, el libro muestra la cara humana de los Sumos Pontífices en forma amena… no con el ánimo sardónico de la ironía, sino con el cariño filial propio de un sacerdote”. El libro es un banco de anécdotas sobre la humanidad de los pontífices, en todas las épocas, desde Pedro, primer Papa, hasta Juan Pablo II.

Pedro, dice el padre Apeles, fue un humilde caminante, mientras Juan Pablo II, aprovechó los despliegues publicitarios, a tal punto que en una gira por Francia, en el verano de 1997, fue aclamado como “Wojtyla Superestar”, por los jóvenes parisinos. Que Benedicto XIV, llamado el “Papa enciclopédico”, por distinguirse por una vasta erudición, sin embargo al enfadarse solía soltar algunas palabrotas.

Chocolate amargo
A quién se le ocurriría pensar, según el Padre Apeles, que en las Catedrales del mundo y el Vaticano, donde abundan los selectos vinos de consagrar, entre los prelados haya apetencia por el chocolate, bebida de origen americano extraída del cacao, hasta el punto que por una taza que consumiera el cardenal Sala, éste perdió la oportunidad de convertirse en Papa. En aquel entonces el chocolate se puso de moda como una mera bebida aromática, que al consumirse no interrumpía el ayuno. Pero los cardenales enterados que esos días la bebió debido a su apetencia, le retiraron el apoyo durante el Cónclave de 1823, para suceder a Pio VII, porque consideraron que había quebrantado el sacrificio del ayuno.

Entre otras curiosidades, señaladas Apeles, está la tradición histórica de los gordos y flacos que se turnan en el trono. Aunque los cardenales que entran a los cónclaves no se dejan llevar por consideraciones estéticas, si revisamos la historia de los Papas, salvo un par de excepciones, a la hora de elegir se ha cumplido cabalmente la creencia popular, al menos desde el siglo XVIII.

Tomando un muestreo por cada siglo, en razón que sería muy extenso relacionar el listado completo de los pontificiados, convalida tal curiosidad: Clemente XIII (1758-1769), obeso, lo sucede Clemente XIV (1769-1774), delgado y de gesto adusto. En el siglo XIX, Pio VIII (1829-1830), era rollizo y Gregorio XVI (1830-1846), por su vida austera, poseía una figura discreta. En el siglo XX, Pio XII (1939-1958) era de figura muy estilizada y etérea, Juan XXIII (1958-1963), hijo de una familia campesina, era de contextura gruesa, mientras su sucesor Pablo VI (1963-1978), era delgado.

Francés mal hablado
Juan XXIII (Angelo José Rocalli), dice el Padre Apeles, por no manejar muy bien el francés, en una audiencia con el Embajador de Francia y su hija, queriendo tranquilizarla por su delicado embarazo, cometió un lapsus linguae al decirle unas palabras consoladoras: “Ne vous inquietez pas. Ma mére fit un veau et me voilá” (literalmente: No se preocupe. Mi madre tuvo un becerro y aquí me tiene). La dama se sorprendió, pero luego comprendió el mal francés de Juan XXIII.

Pablo VI, dice el Padre Apeles, demostró su carácter vacilante, cuando ante la polémica por la exhibición en el Museo del Vaticano de esculturas desvestidas, replicó un día que “el arte está por encima de los instintos y sería mejor levantar los velos que esconden la creación de Dios”, pero después inquirió: “No podemos arriesgarnos de que nos tachen de poco celosos de la decencia y muchos fieles puedan escandalizarse; un día que cubran las desnudeces y otro día que se destapen”.

Sólo las mentes abiertas pueden aceptar que en asuntos de: apetencias, sensibilidades, debilidades, figuras corporales y traducciones, el Papado, que es de carne y hueso, también tiene su historia secreta.

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