Cali, octubre 10 de 2026. Actualizado: viernes, octubre 9, 2026 19:54
Expertos internacionales advierten que tecnología, sanidad, apertura de mercados y cadenas de suministro más resistentes definirán la competitividad del sector.
América Latina ya consume cerca de 50 % más huevos por persona que el promedio mundial.
La industria avícola enfrenta una transformación que durante los próximos años irá mucho más allá de producir más pollo y huevo.
Inteligencia artificial, automatización, información para mejorar la productividad, nuevas exigencias sanitarias y ambientales y cambios en el comercio internacional aparecen entre los factores que definirán cuáles productores y países podrán competir con mayor fortaleza hacia 2030.
El tema fue analizado durante el XXII Congreso Fenavi, en Cali, donde referentes internacionales coincidieron en que la avicultura deberá acelerar su adaptación a un entorno productivo y comercial cada vez más exigente, pero también con nuevas oportunidades de crecimiento.
La discusión contó con Nicoló Cinotti, secretario general del International Poultry Council (IPC), y Javier Prida, presidente de ILH, bajo la moderación de Jordi Montfort, secretario general de Avianza.
Uno de los mensajes centrales fue que no existe una fórmula idéntica para todos los mercados.
“La competitividad de nuestro sector hacia 2030 dependerá de nuestra capacidad para adaptarnos a un entorno cada vez más cambiante”, aseguró Cinotti, quien planteó la necesidad de trabajar con estándares internacionales y marcos globales sin desconocer las particularidades de cada país.
La tecnología ocupa un lugar especialmente importante dentro de esta transformación.
Para Javier Prida, la incorporación de inteligencia artificial e innovación ya no debería entenderse como una alternativa sino como una necesidad para la industria.
“La inteligencia artificial y la innovación son herramientas que tenemos que incorporar sin ninguna duda”, afirmó.
El desafío, sin embargo, no consiste exclusivamente en comprar nuevas tecnologías. Prida considera necesario modernizar y tecnificar los procesos, pero también aprovechar de manera más eficiente la información que ya genera la industria.
La combinación entre datos, tecnología y conocimiento productivo podría convertirse así en una herramienta para aumentar eficiencia y responder a un mercado en el que la competitividad dependerá también de la capacidad para anticiparse a los riesgos.
La sanidad aviar aparece precisamente como otro de los grandes desafíos.
A ella se suman la apertura de mercados y la necesidad de construir cadenas de abastecimiento capaces de soportar mejor las alteraciones internacionales.
América Latina parte con una característica que puede convertirse en ventaja para la expansión del sector: su elevado consumo.
La región registra un promedio de 296 huevos por habitante al año, aproximadamente 50 % por encima del promedio mundial, que todavía no llega a las 200 unidades.
La diferencia muestra hasta qué punto el huevo se ha consolidado como una proteína relevante dentro de la alimentación latinoamericana, pero también plantea oportunidades para que la industria fortalezca su producción y encuentre nuevos espacios de crecimiento.
Para Colombia, seguir estas tendencias internacionales será particularmente importante.
Los cambios tecnológicos, sanitarios y comerciales que se produzcan durante los próximos años tendrán efectos sobre la manera de producir, los costos, la productividad y las posibilidades de competir tanto dentro como fuera del país.
El desafío tampoco puede desligarse de la seguridad alimentaria.
La avicultura mundial está enfrentando simultáneamente la necesidad de abastecer una creciente demanda de proteína y responder a mayores exigencias de sostenibilidad.
El panorama planteado en el Congreso Fenavi deja, por tanto, una conclusión: la próxima carrera de la industria avícola no estará determinada solamente por quién produce más, sino por quién logra producir mejor.
Tecnología, inteligencia artificial, información, bioseguridad y acceso a mercados serán parte de esa ecuación.
Para una región que ya consume 296 huevos por persona cada año, la oportunidad existe; el desafío será transformar esa demanda consolidada en una industria más productiva, innovadora y competitiva hacia 2030.
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