Cali, octubre 30 de 2020. Actualizado:

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De San Valentín a la celebración septembrina

El amor entre cartas y boleros

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial – Diario Occidente

Mientras el amor y la amistad gran parte del mundo lo celebra el 14 de febrero, Día de San Valentín, desde 1969 y por iniciativa de los comerciantes, nuestro país escogió el tercer sábado de septiembre, en razón que en el segundo mes del año, el dinero se destinaba para la compra de los útiles escolares. Se recuerda que ese primer año de celebración se lanzó el álbum “Amor es…”, para coleccionar y adherir 384 pegatinas o estampas de la pareja, que los enamorados compraban en las tiendas. San Valentín, fue un sacerdote romano que desconoció la orden del emperador Claudio de prohibir los matrimonios a los soldados. Al ser descubierto es decapitado el 14 de febrero de 270 a, C. La idea de involucrar un “amigo secreto”, no fue pensada por San Valentín, sino por el ingenio de los colombianos.

Más que amistad

El “día del amor y la amistad” a través del tiempo se vuelve una fecha ambigua. Quedaría mejor distinguir cada ámbito por aparte y determinar las celebraciones por separado. Amor y amistad no controvierten, pero la celebración conjunta sí puede diluir su significado según las intenciones de cada cual. Algunas celebraciones se reducen a un sorteo de entrega y recibimiento de regalos por parte de un “amigo secreto”. Sin embargo, ¿quién pacta amistad con una persona desconocida? La amistad se construye y se expresa mediante la solidaridad y la confidencialidad. El amor se vive mediante el romanticismo, el erotismo y el compromiso. La confusión de los dos estados del alma conlleva a la extinción de su simbología y de sus canales de comunicación. El amor ya no lo comunicamos entre cartas y boleros.

Entre cartas y boleros

Sin cartas y boleros, difícilmente comunicaríamos sentimientos e inspiraciones. Hay bolivarianos que desconocen el lado humano de Simón Bolívar. Llenarían ese vacío si leen las cartas amorosas que Bolívar escribió a Manuelita. Ocurrirá e en los casos de las cartas de otras parejas emblemáticas: Beethoven y Teresa, Flaubert y Luise, Freud y Martha Bernays, Henry Miller y Brenda Venus, Virginia Woolf y Leonard Woolf. “Las cartas de amor han mostrado a lo largo de las épocas, actuar como un poderoso conjuro sobre la persona amada”. (Las más bellas cartas de amor. Oveja Negra.1990). “Si el bolero deja entrever dos generosos paraísos de la seducción, el deseo y el amor, no hay castigo por haberse extralimitado. Las posibilidades están ahí, se exhiben en discursos persuasivos y es un metatexto, que descubre el proceso de las contradicciones en el amor, y el cuerpo”. (El bolero. Iris M. Zavala. 1991. Alianza Editorial, página 82)

Sin obstáculos, ni condiciones

El amor entre algunas parejas no tiene obstáculos, ni condiciones. El octogenario Henry Miller, por ejemplo, sostuvo un gran romance con la modelo Brenda Venus de 25 años de edad. Esta pareja se compartió mil quinientas cartas de amor. Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, vivieron el amor durante medio siglo en residencias independientes y en plena libertad sexual, con el modelo de pareja abierta. Diego Rivera y Frida Kalo, fue una pareja de pintores, distinguida por los celos profesionales y por sus infidelidades conyugales, de parte y parte, que inspiraron cuadros de dolor y propiciaron una relación tortuosa. Jacqueline, esposa de Jhon Kennedy y, que al enviudar, se casa con Aristóteles Onassis, demostró que los poderes políticos y económicos no son obstáculos para las relaciones de pareja.

Carta de Bolívar

Mi encantadora Manuela:
Tu carta del 12 de septiembre me ha encantado: todo es amor en ti. Yo también me ocupo de esta ardiente fiebre que nos devora como a dos niños. Yo, viejo, sufro el mal que ya debía haber olvidado. Tú sola me tienes en este estado. Tú me pides que te diga que no quiero a nadie. ¡Oh, no! A nadie amo: a nadie amaré. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo. Tú me has hecho idolatra de la humanidad hermosa, de Manuela. Créeme: te amo y te amaré sola y no más. ¡No te mates! Vive para mí y para ti: vive para que consueles a los infelices y a tu amante, que suspira por verte. Estoy tan cansado del viaje y de todas las quejas de tu tierra que no tengo tiempo para escribirte con letras chiquiticas y cartas grandotas como tú quieres. Pero en recompensa, sino rezo, estoy todo el día y la noche entera haciendo meditaciones eternas sobre tus gracias y sobre lo que te amo, sobre mi vuelta y lo que harás y lo que haré cuando nos veamos otra vez. No puedo más con la mano. No sé escribir.

Simón Bolívar

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