Cali, octubre 31 de 2026. Actualizado: sábado, octubre 31, 2026 10:00

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“La cultura es por naturaleza sanadora del alma”

Cultura por medicina

José Darwin Lenis, secretario de Cultura de Cali

La cultura es la medicina más milenaria de la humanidad, nació con ella, con las representaciones del arte rupestre (pintura en piedra) en las cavernas africanas 8000 años antes de cristo en las regiones que actualmente corresponden a los países de Namibia y Somalia, luego “evolucionó” a la literatura, la escultura, al canto, la música, la pintura clásica y en general a las artes. Recordemos que con los griegos y los romanos se cultivó la poesía, la escritura y el florecimiento de una cultura académica estudiada y valorada por expertos filósofos o pensadores que le dieron la trascendencia que conocemos en occidente. En el siglo XV desde el renacimiento con las obras de Miguel Ángel o da Vinci, pasando luego por Shakespeare, Beethoven, Van Gogh, Picasso y otros genios llegamos hasta nuestros días con una medicina que está en nuestras manos y que en tiempos de confinamiento la conseguimos gratuita en los grandes museos y salas de arte a un click de distancia.

La cultura es por naturaleza sanadora del alma, nos brinda alegrías, nos transporta, nos transforma y nos hace recordar la fragilidad y amplitud de la vida en diferentes momentos. No hay nada más universal que la música, la pintura, el cine o la literatura, todos subsistemas del gran imperio de la grandeza de lo humano, las artes y lo sublime de sus creaciones.

Paradójicamente a la universalidad del afuera, hay que buscar adentro, en lo que tenemos, como lo dice la poetisa caleña Jenny Cabrera en un fragmento de su poema Vestidos de gris “¿Qué fue de la prisa que buscaba el encuentro, y mi rostro de luces y tu fuego, tu fuego? Que frágil el amor, que grises los momentos, que torpes los abrazos que damos a destiempo.”

Es nefasto que, ahora cuando más se necesita apoyo financiero para el sector cultural, algunos actores políticos exijan recortes presupuestales en nombre de una fragmentada economía de la “seguridad alimentaria” como si el acceso a los bienes culturales no fuese un derecho fundamental. Pero, incomprensiblemente por debajo de la mesa solicitan programas culturales y ofertas artísticas alternativas para superar el encierro y sanar las enfermedades emocionales que dañan la convivencia y desarmonizan la sociedad.

La cultura politizada y ventajosa es dañina, nos atrofia la sinapsis neuronal y nos desubica en prospectiva de los años que llegaran. La feria de Cali es testigo de la relevancia de las fiestas y las representaciones semióticas, porque surge para alivianar la tristeza después de un hecho trágico de explosión de camiones con dinamita en agosto de 1957. Si hay algo que moviliza la economía o se reconoce como impronta de ciudad es su riqueza cultural. Sin la activación del complejo cultural, la ciudad de la rumba, la alegría y sucursal del cielo entrará en cuidados médicos intensivos. Los caleños y caleñas exigen programas virtuales, carrozas musicales, conciertos, audiciones y actividades variadas de cultura “digitalizada” que refresquen las tensiones de un encierro forzoso que nos hace perder la noción del tiempo, acelera la intolerancia y afecta la emocionalidad colectiva. Es sencillo, en estos tiempos se necesita inyectar cultura como medicina, alimentación y gratificación estética para que todos los ciudadanos podamos aguantar la prisión del coronavirus.

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