Cali, septiembre 24 de 2026. Actualizado: jueves, septiembre 24, 2026 11:50
El cambio climático también puede generar enfermedades y hasta lluvia ácida según los informes dados a conocer por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia.
Un estudio de la sede de Manizales indica que protegerse de los cambios climáticos y evitar alimentos sin cadena de frío ayudarían a prevenir la llamada enfermedad diarreica aguda que se incrementa cuando hay cambios climáticas y es de alto impacto en la salud pública.
En el caso de Manizales, a pesar de que entre 2016 y 2018 el número de casos descendió de 9.234 a 7.914 por cada 100 mil habitantes, la incidencia sigue siendo alta.
Así lo estableció la ingeniera ambiental Maribel Muñoz Roncancio, de la Universidad Nacional de Colombia sede Manizales, quien adelantó su investigación de maestría para determinar la correlación entre el clima y la enfermedad diarréica aguda en Manizales.
Encontró, por ejemplo, que la temperatura es la variable de mayor incidencia en la enfermedad, evidente en que con el incremento de un grado centígrado, hubo diez casos más que en condiciones climáticas normales, y 65 en condiciones húmedas.
El estudio se hizo entre 2002 y 2007 con datos del Observatorio de la Secretaría de Salud, en los que además se encontró que existen otros factores determinantes como el saneamiento y las condiciones de la vivienda.
Los datos se tomaron de cinco instituciones de salud representativas de Manizales y de las variables de nueve estaciones de medición, también de la ciudad.
Aunque el objetivo inicial de la tesis –dirigida por la profesora Janeth Zambrano y con la colaboración del Hospital de Caldas– era estudiar el caso de la enfermedad diarréica aguda, a medida que avanzaron los estudios también se pudieron relacionar con la infección respiratoria aguda.
Mediante un modelo matemático aplicado con el programa ArcGIS, software que recoge datos y genera resultados, la magíster identificó que, en relación con el clima, en ciertos periodos aumentan los casos. Además, según la Dirección Territorial de Salud, la atención en servicio de urgencia registró un aumento de la infección respiratoria aguda.
Se concluyó entonces que las precipitaciones tienen relevancia para la infección respiratoria aguda, pues por cada milímetro en condiciones secas aumentaban 18 casos. La investigadora sostuvo que no es usual que en condiciones secas se vea este fenómeno, contrario a las húmedas.
En desarrollo de su trabajo, la ingeniera Muñoz halló que no había un sistema de datos sólidos para el periodo analizado, pues faltaban distintas variables. Por ejemplo, en el primer semestre de 2002 no había cifras suficientes, advierte.
Después de su experiencia, y con las ventajas que ahora representan las cifras oficiales, ella propone que los datos no se tomen por cada hospital, sino por áreas geográficas.
Alerta por lluvia ácida
Otra investigación de la Universidad Nacional indica que la mala calidad del aire puede generar lluvias ácidas.
Así se desprende del monitoreo de 42 eventos de lluvia monitoreados en la ciudad de Medellín de los cuáles 31 presentaban lluvia ácida.
Ese fue el principal hallazgo del ingeniero civil Mauricio Ramírez Arias, magíster en Ingeniería – Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín, en el marco de una investigación desarrollada junto con el Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá Siata y con aportes del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, que es autoridad ambiental en Medellín y sus nueve municipios vecinos.
En 42 eventos de lluvia monitoreados en su estudio, el magíster encontró que aunque la apariencia del agua era similar, por lo menos 31 de ellos tenían lluvia ácida. La acidez se mide con la escala internacional de pH, y como referencia se sabe que el jugo de un limón tiene pH de y el bicarbonato de sodio tiene pH de 9 en tanto que el agua lluvia se considera limpia cuando tiene un pH de 5,6.
Las mediciones en campo para esta investigación se realizaron durante la segunda temporada de lluvias de 2018, es decir entre septiembre y noviembre, cuando Medellín experimenta uno de sus periodos de contingencia ambiental, el otro es en marzo. En esta época, de la baja nubosidad impide que haya una correcta dispersión de las partículas contaminantes que emiten los vehículos y las industrias.
El ingeniero Ramírez encontró que el factor que más influía era el nivel de contaminación que había durante el periodo seco previo a la lluvia. Es decir que si antes del aguacero se registraban altas concentraciones de partículas, el agua del siguiente evento de lluvia iba a ser más ácida.
“Por ahora no hay estudios de las afectaciones que la lluvia ácida pueda causar a la salud humana. De hecho, el Ideam considera que este tipo de lluvia constituye un problema de calidad del aire que no tiene consecuencias tan directas sobre la salud humana”, aclara.
No obstante, agrega que sí hay investigaciones que señalan que la lluvia con un pH más bajo afecta cultivos no solo de frutas y verduras, sino también de árboles y flores, además de lagos y ecosistemas. Incluso en ciudades europeas está documentado que puede deteriorar edificaciones históricas.
El plan del ingeniero Ramírez es continuar investigando para tratar de vincular otras variables como las condiciones de la atmósfera en vertical.
Actualmente en Estados Unidos y Europa hay un monitoreo constante de la química de la precipitación –un trabajo similar al que hizo el investigador–, pero en Colombia y casi toda América Latina ese trabajo “está en pañales”.

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