Cali, noviembre 29 de 2020. Actualizado:

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Álvaro Arcos, pionero del teatro popular

A Cali Teatro, va todo el mundo

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Diario Occidente

Si cuando “Piper” Pimienta cantó que “a la loma de la cruz va todo el mundo”, hubiera estado construida la sede de Cali Teatro, a sólo tres cuadras del lugar, seguramente también le habría hecho homenaje en sus versos musicalizados. Cali Teatro es un sitio emblemático de la ciudad que los caleños se encuentran al encaminarse hacia el tradicional barrio San Antonio. Los mayores saben que esta sala de la dramaturgia recoge gran parte de la historia del movimiento teatral vanguardista que emergió en nuestra ciudad en los años setenta y que se presentaba en las sedes sindicales. Este templo de la actuación se lo debemos al tesón de Álvaro Arcos (1947), un nariñense que muy muchacho en los sesenta llegó a Cali con el sueño de profesionalizarse en arte dramático en Bellas Artes, donde hizo su juramento liberador a través del teatro.

Vocación dramatúrgica

Fue en una función de un grupo español de gira por Pasto, cuando su madre llevó al niño para premiarlo por sus buenas calificaciones escolares, donde se dio el alumbramiento de su vocación inquebrantable. Álvaro sólo soñaba con ser actor, pero sus otras vocaciones de pedagogo y de creador del género literario dramático, sumadas a su talento en las tablas, pronto lo convirtieron en actor, maestro, director y dramaturgo. Recién egresó de Bellas Artes, por pocos años fue profesor del Liceo Femenino de Buga, el Inem de Cali y el Instituto Popular de Cultura. Desvinculado de la docencia se dedicó de tiempo completo a hacer teatro popular en los convulsionados años setenta, apoyado por organizaciones gremiales y una juventud rebelde que acogió su trabajo teatral por identificarse con las causas populares.

TeatroForo

Donde hoy queda Cali Teatro, sobre la carrera 12 número 4-51, Álvaro y un grupo de actores fundaron en 1973 el otrora Teatro Foro. Era una antigua ramada de bahareque, que sería la segunda sala independiente de la ciudad después del TEC de Enrique Buenaventura. Su elenco inaugural con Julián Romeo, José Luis Andreone, Jorge Vanegas, Guillermo Alberto Arévalo, entre otros, representó aplaudidas funciones con las obras: “Los inquilinos de la ira” y “El sol subterráneo” de Jairo Aníbal Niño, “Raíces” de Arnol Wesker, “La devoradora” de Álvaro Arcos y “Fuente ovejuna de Lope de Vega. Álvaro Arcos dirigió varios talleres integrando estudiantes de agronomía de la Universidad Nacional de Palmira y jornaleros de los ingenios azucareros, con quienes representó: “Rancho de corteros”, “Huelga” y “El cortero Obando”.

Cali Teatro

Como consecuencia de la desintegración del Teatro Foro en 1983, Álvaro se radicó en Bogotá donde se desempeñó como profesor de la Escuela Distrital Luis Enrique Osorio. Regresó a Cali y en 1989, promovió la Fundación Escénica Cali Teatro. Durante estas tres décadas ha abierto sus puertas al público, ofreciendo una sala confortable para ciento cincuenta personas. Simultáneamente son muchas las giras por el territorio nacional y su participación en festivales internacionales de teatro en Ecuador, Chile, Uruguay, México, Irlanda del Sur e Irán.

Álvaro Arcos es un director perfeccionista. “Suele ocurrirme que después de un arduo trabajo de ensayos de una obra, ya no me gusta cuando la veo el día de su estreno”. En el V Festival Internacional de Teatro de Cali, el grupo participó con “Madre coraje”, de Bertol Brecht. La Secretaría de Cultura de Cali, programó su presentación online el domingo 25 de octubre a las 6.30 pm. “Madre coraje” es una pieza teatral fundamental en la dramaturgia brechtiana, cuyo autor escribió en 1939 durante su exilio en Suecia. Estrenada en Zurich en 1941, Brecht la revisó, produjo y dirigió en 1949 para el Berliner Ensamble. Álvaro Arcos quiso reivindicarla setenta años después, volviendo a ponerla en escena con Cali Teatro.

Legado arcano

Cumplió ya medio siglo de vida actoral y de dirección dramatúrgica y Álvaro Arcos deja como legado medio centenar de obras teatrales que ha dirigido. Él ha sido un ejemplo para sus alumnos y para las personas que lo han apoyado o secundado en su misión teatral. “En mis años de experiencia sólo he dirigido obras de contenido social. No quiero descalificar a algún autor en particular, pero no me gusta hacer café concierto, stand comedy, ni nada que enfatice lo superfluo. Eso no quiere decir que sea un alma pura, también soy un pecador. Con mis obras contestatarias pretendo que mis espectadores adquieran otra visión del mundo, aprendan a hacer respetar sus puntos de vista y propios criterios. Que entiendan que para lograr metas se necesita decisión y nada de temores. Con ideales claros, pronto los volveremos realidades”.

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