Cali, agosto 12 de 2026. Actualizado: martes, agosto 11, 2026 21:27
Por Mario Jinete Manjarrés
Asesor Planetapaz
Una de las actitudes más ilusas es pretender vivir sin conflictos. Como dijo Estanislao Zuleta en su ensayo Elogio de la dificultad, pretendemos vivir en un océano de mermelada, en un mundo sin problemas, ni desafíos, lo cual no pasa de ser una mera utopía.
Ahora bien, si el conflicto es parte de la vida, debemos enfrentarlo en nuestro día a día con creatividad, sin personalizar nuestras discrepancias o diferencias. Ello nos obliga separar las personas con quienes confrontamos del problema, del asunto que nos genera la confrontación.
La tendencia ante un conflicto es pelear, atacar al otro. La respuesta inteligente ante la diferencia, la discrepancia es concentrarse en el asunto motivo de las diferencias, haciendo ver los diferentes puntos de vista.
Si estoy frente a una diferencia porque mi cónyuge insiste en que debemos comprar un vehículo a crédito para no tener que seguir usando el transporte público de la ciudad, en vez de recriminarla y llamarla “comodona” o “consentida”, lo que debemos presentarle unas cifras sustentadas que demuestren cómo la rápida e imparable desvalorización del carro contra el pago de las cuotas mensuales de amortización. Debemos hacerle ver que el pago de medio millón de pesos mensuales conllevará sacrificar la recreación y viajes de vacaciones.
Recuerde amigo lector: No importa qué tan graves sean nuestras diferencias con una persona, jamás debemos formular ataques de tipo personal, no usar expresiones sarcásticas o hirientes que ofendan al otro y lo radicalicen obstaculizando la búsqueda de acuerdos o conciliaciones. Exprese con altura los puntos de discrepancia en tono conciliador y amigable.
En los centros de conciliación los conciliadores son personas especialmente capacitadas para buscar acuerdos desarrollando este principio, llevando a las partes a concentrarse en los asuntos motivos de conflicto y dejando de lado las prevenciones personales. Muchísimas veces cuando se logra un acuerdo conveniente para las partes involucradas, se olvidan los agravios del pasado y se restauran las relaciones familiares y la armonía permite recuperar el afecto y la unión de las familias.
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