De entrada no voy a discutir la altísima cifra de homicidios que registra la ciudad en lo corrido de este año, por la sencilla razón de que el ejercicio comparativo que hace esta administración es con relación al cuatrienio de Guerrero, donde todavía no se han explicado los 300 o más homicidios que andan volando y que Medicina Legal reporta como registrados en la ciudad.
Lo que preocupa es qué vamos hacer con Mockus.
Las fórmulas mockusianas, exitosas en Bogotá, se dieron en un momento de expansión económica y en un auge de consolidación urbana de la capital, con una impronta autoritaria que Mockus disfrazó con payasadas y con una plataforma de perdón y convivencia que produjo entre otras cosas la consolidación de nichos criminales, que como en el del Bronx, el exalcalde y sus sucesores tienen la absoluta responsabilidad, pues dejaron que esta zona se convirtiera en tierra de nadie.
El Alcalde debería solicitarle a sus asesores que le cuenten que en este momento los caleños estamos pagando un crédito de US$26.000.000 que adquirimos del BID, producto de las maniobras epistemológicas que Rodrigo Guerrero importó desde los Estados Unidos en la década del noventa.
A mí me tocó por cosas del destino, aperturar el proyecto, gerenciarlo y finalmente, como Secretario de Gobierno, el cierre del sueño epidemiológico, con mediciones cuyas conclusiones indicaron que la tal metáfora de “las ventanas rotas” y el “desaprendizaje de la violencia”, instrumentalizadas en los mal llamados “jóvenes en alto riesgo”, fracasaron ante el crimen organizado, que es hoy el “proyecto de vida paralelo de la marginalidad”.
De tal manera que el nuevo muckosianismo rescatado por Armitage será otra botadera de corriente ante una ciudad secuestrada por las bandas criminales.
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