Abandonad la esperanza si entráis aquí

Rodrigo Fernández Chois

“Es por mí que se va a la ciudad del llanto, es por mí que se va al dolor eterno y al lugar donde sufre la raza condenada. Yo fui creado por el poder Divino, la Suprema Sabiduría y el primer Amor; y no hubo nada que existiera antes que yo.

Abandonad la esperanza si entráis aquí”. Son las palabras de bienvenida de Lucifer -según Dante- para quienes osan atravesar la puerta del Infierno, palabras que describen de manera inigualable lo que significaba ingresar al Bronx de Bogotá.

Es escalofriante y dantesco lo que ocurría allí: trata de menores, drogas, armas, licor adulterado, casas de pique, etcéteras y etcéteras que representan todos los delitos imaginables creados por el hombre. Las imágenes que mostraron los medios de comunicación no son lo suficientemente dicientes para ilustrar tamaño infierno, sin embargo, las tomas que nos hicieron recorrer lúgubres, sucios y desagradables laberintos;  acrecentaron la fobia que se hacía mayor en la medida en que nos adentrábamos en el abismo.

Conclusión: la droga es nuestro flagelo. ¡Ya no el problema para los de afuera! El futuro de muchos de nuestros niños y niñas se está destruyendo, y el Bronx representa tan sólo la punta de un gigantesco iceberg que se extiende por todo el territorio nacional. Los padres de familia debemos extremar hoy más que nunca nuestro cuidado ante el inclemente obrar de los empresarios de la droga, un mal que perfectamente personificaría al mismísimo Lucifer, según las palabras de Dante.

Y ante tan dramática situación cabe preguntar: ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de un estado que es permisivo en materia de consumo de droga?

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