Las celebraciones del mes de la afrocolombianidad, oficializadas mediante la Ley 725 del 2001, no pueden terminar sin pronunciamientos contra el abandono del Pacífico, la región más marginada del país pese a su comercio, industria maderera, pesca y minería, que producen gran parte del ingreso nacional.
El Gobierno Nacional debe ejecutar políticas para que en Buenaventura y en las ciudades del Pacífico cesen el desempleo, la inseguridad, la falta de agua potable y la insalubridad. En relación con el papel social de la educación, hay que señalar que a pesar de la vigencia del decreto 1122 del 18 de junio de 1998, que reglamenta la Ley General de Educación, en Colombia son pocos los colegios que imparten etnoeducación. Una situación distinta contrarrestaría la discriminación que se inicia desde el blanqueamiento de la historia patria oficial con actitud sutil, silenciosa y mentirosa, más peligrosa que cualesquier expresión pública de racismo.
La Academia de Historia del Valle tiene que diligenciar ante la administración municipal, que junto al busto de Alejandro Petion en el bulevar del río Cali, se autoricen dos sitiales para los ilustres afrodescendientes: David Peña y Juan José Nieto Gil.
El primero, fue jurisconsulto y profesor, filósofo y matemático, que figuró como caudillo radical en las guerras civiles y regentó en 1876 como primer rector negro del Colegio de Santa Librada. Juan José Nieto Gil, el otro importante afrodescendiente, fue presidente de la República en 1852, pero los historiadores lo discriminaron excluyéndole de la historia patria oficial, tampoco tuvo espacio en las galerías de retratos de los presidentes. En el mes de la afrocolombianidad hay que pronunciarse contra aquel racismo sutil de blanquear la historia.
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