Los permisos para las obras del Hotel Aristi y del colegio La Sagrada Familia ingresan a mi lista de las cosas extrañas que pasan y que tienen que ver con Planeación Municipal. Estos casos tienen en común las dificultades para obtener las licencias y para ejecutar los proyectos en plazos razonables.
Hace dos años le hice seguimiento a obras adelantadas a la velocidad del rayo sin que la comunidad tuviera tiempo de actuar porque iban en contravía de la naturaleza de sus vecindarios. La construcción de una bodega de materiales de construcción y la de una academia de baile, ambas en medio de filas de apacibles casas en Camino Real y Ciudad Jardín. En un caso, los inversionistas tratan de mover el aparato municipal para que sus proyectos no naufraguen en la tramitología y en el otro, los ciudadanos buscan atajar la locomotora antes de que arrase con sus entornos. Ambos casos caracterizados por la frustración y la impotencia de quienes se enfrentan al CAM.
En esta lista de incomprensibles de Planeación Municipal entra el fenómeno de nuestras laderas. Proyectos de vivienda suspendidos por más de 20 años por cuenta de los POT, los planes zonales y los permisos en oposición de las facilidades para invadir que tienen los urbanizadores piratas.
El alcalde Maurice Armitage llegó con ganas de entender qué pasa en las diferentes dependencias de la administración y de hacer que las cosas funcionen como deben ser. Ya le metió la mano al Tránsito, yo lo invito a que se dé una vuelta por Planeación para que dirima este galimatías. Algo pasa en Planeación, puede ser solo desorden y falta de reglas claras pero también pueden existir palos en la rueda y peajes que marcan el ritmo a los diferentes proyectos de la ciudad.
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