Las razones que condujeron a la gente a salir a las calles nuevamente fueron el desgobierno que palparon, factores de corrupción y la recesión económica profundizada: la gente conoció datos sobre el maquillamiento presidencial de los informes financieros de la economía brasilera durante el 2015. Indudablemente las protestas callejeras influyeron en el ánimo de jueces y diputados sobre el impulso al juicio político o impeachment.
La acusación contra la Presidenta Rousseff versa sobre la manipulación de las cuentas públicas, traslado de dineros para otros gastos estatales a fin de beneficiarse con más votos durante la campaña presidencial del año 2014. Todos los sectores que se beneficiaron durante los dos gobiernos de Lulla y el de Dilma rechazarán su apartamiento por 180 días del poder y la destitución que se vendrá encima porque tienen agradecimiento con ellos por las políticas de inclusión social.
En Brasil va a ocurrir algo similar a lo sucedido en Egipto después del 3 de julio 2013 cuando el ejército defenestró a Morsi, el presidente elegido. Las calles se llenaron un día de manifestantes y protestas a favor del reintegro y otro día en contra, solicitando nuevas elecciones. La confusión puede extenderse para muchos desinformados porque las protestas en la calle enarbolan consignas y lemas que enredan a quien no tenga claridad. En Brasil la manipulación de los medios de comunicación pueden contribuir a esta confusión.
Contra el atenazamiento que está padeciendo Rousseff de parte de las mayorías parlamentarias envueltas en la corrupción, el clamor popular y la constancia en los reclamos puede hacer reflexionar a otros medios y a la comunidad internacional para hacerle un seguimiento a este juicio político que durará 6 meses.
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