Una pregunta recurrente en los últimos 16 años que se han hecho los académicos, gobernantes, dirigentes políticos, entre otros, es esta: ¿por qué la ONU no ha intervenido de manera eficaz para ayudar a solucionar esta guerra interna que lleva 52 años?
Desde el año 2002 hasta el 2010 cuando el conflicto interno se desborda hacia las fronteras de los países vecinos y surge una crisis regional de ribetes conocidos, el conflicto pasa a tomar una forma diferente que a la luz de la jurisprudencia internacional configura una guerra internacional, tampoco ha intervenido de manera eficaz. Colombia hace parte de la ONU desde 1945 y cumple con todas las obligaciones, tenemos embajador ante la ONU, pagamos las cuotas de membresía, acatamos las resoluciones, asistimos a la Asamblea General cada año, hemos tenido asiento transitorio en el Consejo de Seguridad, etc.
Durante varios gobiernos se han formulado propuestas para que la ONU participe más a fondo, unas descabelladas, otras fallidas, otras no viables, y todo ha sido infructuoso. Recientemente el Presidente Juan Manuel Santos logró la presencia de un delegado de la ONU para la última etapa del proceso de paz que se adelanta en La Habana (Cuba) a fin de: 1) verificar la ONU la dejación de las armas, “) verificar el cese bilateral definitivo del fuego. ¿Qué utilidad y efectividad tendrá esta intervención aceptada por la organización multilateral?
Es necesario identificar y aclarar la modalidad de intervención internacional dentro del proceso de negociación y la concurrencia de la ONU no solo para verificar sino para hacer valer los pasos cruciales del cese al fuego y dejación de armas que no se queden en protocolos, actas, constancias notariales, sino que redunden en respeto y cumplimiento.
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