La decisión de los concesionarios del MIO de no aceptar la inyección de recursos de Metrocali manda un mensaje apocalíptico sobre el estado del sistema. La entidad ofreció crear un fondo por $40.000 millones para comprar los insumos necesarios para poner a funcionar toda la flota.
Los operadores no aceptaron porque para implementar el fondo la entidad los obligaba a aceptar que los problemas del sistema tienen su origen en fallas en el servicio y no en problemas estructurales del esquema de negocio. Lo que hay detrás sigue siendo la discusión sobre el desequilibrio del contrato. Invertir en el MIO como está hoy es meter la plata en un agujero negro que soluciona por unos días el problema pero que no le brinda estabilidad y solvencia en el largo plazo.
El sistema de transporte de Cali no es viable como negocio, no tiene los pasajeros que necesita y, debido a la baja demanda, la tarifa es insuficiente para financiar su operación. Un círculo vicioso, pues los caleños que lo usan no tienen capacidad para pagar más. ¿Por qué este modelo no es viable financieramente? ¿Qué hacía competitivo el anterior modelo? ¿La solución de fondo implica subsidiar la tarifa o hacer una mezcla de ambos esquemas?
Encontrar las respuestas a estas preguntas exige mirar distinto el problema, en los últimos años se ha volado en círculos sobre los mismos puntos llegando a los mismos planteamientos sin resultados exitosos. Muchas veces lo que se necesita es destruir un modelo para encontrar una nueva y buena alternativa. Cali necesita reconocer el fracaso del modelo, centrarse en pensar en cómo prestar un buen servicio de transporte y no en cómo salvar el MIO.
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