Europa viene hablando del terrorismo desde hace más de 55 años, reflexionando sobre el terrorismo palestino, el de la ETA, el IRA, el Baader Meinhoof, las Brigadas Rojas,…, luego el terrorismo global de Al Qaeda; pero desde el 2015 el replanteamiento a toda la preparación para enfrentarlo debio darse porque continúa de manera creciente la amenaza terrorista, sin disminuir, y se posa el miedo en las ciudades que conlleva al entorpecimiento de la vida diaria.
No se sabe cuáles serán las próximas fases de la lucha terrorista y la guerra asincrónica de facto en evolución: ya la seguridad paneuropea se ve disminuida, cuando se creía había alcanzado un grado de inteligencia para las fuerzas especiales de la mancomunidad. Los errores cometidos en el caso de Bruselas están a la vista, aflojaron las medidas preventivas sobreviniendo la sorpresa nefasta.
La tolerancia por la pluralidad ideológica, racial y de cultos que los belgas han tenido con la población musulmana inmigrante y con los residenciados que han llevado al establecimiento de familias y sus descendientes, en segunda y tercera generación; es el caso del barrio de Molenbeek en Bruselas, epicentro de actividades ya detectadas de yihaidistas que actuaron en los atentados de París y en este último de la capital belga ,va a generar una serie de recortes y controles que perjudicará a población pacífica del mismo barrio.
La acción terrorista en Bruselas encendió todas las alarmas que no pueden ya apagarse hasta el final. La guerra va en serio y todos lo saben. Una guerra que no va a librarse en lo rural, sino en las ciudades. Esto ya afecto la política de migraciones y atenciones a los refugiados.
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