Viciando un símbolo

Carlos Cuervo

La libertad de expresión tiene unos límites que no deben sobrepasarse, según explica la sentencia C.C. T-391 de 2007, y dice explícitamente: “Su ejercicio conlleva, en todo caso, deberes y responsabilidades para quien se expresa.

El alcance de estos deberes y responsabilidades variará, dependiendo del tipo de discurso que se exprese, el ámbito en el cual se haga uso de él y los medios utilizados”.   De ahí que resulta improcedente la protesta del colectivo autodenominado “Grupo de tutores del paisaje cultural”, realizada el pasado 8 de abril en el barrio San Antonio en un acto cargado de símbolos que invocan un pasado oscuro de diatribas fascistas.

Históricamente el color negro fue un distintivo para los seguidores del Duce. Además al marcar con estrellas del mismo color las entradas de residencias y restaurantes, se recurrió a utilizar elementos para estigmatizar a quien piensan o actúan diferente.

Las inocentes estrellas nos recuerdan las marcaciones hechas en los años 30 frente a casas, negocios y sinagogas en el preámbulo de una de las peores persecuciones de la historia. ¿Será que los organizadores de esta manifestación olvidaron o desconocen que los símbolos y sus asociaciones son motivo de caprichosa exégesis? Es increíble que en pleno siglo 21 y con un país en camino a la paz, aún subsistan grupos que bajo la premisa de cuidar bienes patrimoniales escojan simbologías que incitan al odio y la tensión.

Hoy emplazo por una respuesta desde esta columna a los organizadores, para que entreguen una explicación a la ciudad sobre el uso de estos símbolos. Porque estorban en Cali nuevos incentivos al odio y la violencia.

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