Los dos golpes del terrorismo ejecutados por el estado Islámico el 22 de marzo (en el aeropuerto Zaventem y el metro de Maelbeek) son la muestra palpable e irrefutable de la existencia de una tercera guerra mundial que muchos no han querido sopesar, pero que ha tenido varias etapas desde el año 2001, y de la marcha del terrorismo global enarbolado ahora por otra yihad islamista que reclama territorio para la conformación de un Estado fraccionado desde finales de la primera guerra mundial.
Bélgica sin estar en el centro geográfico es el eje de la Unión Europea (UE), allí están las edificaciones emblemáticas de todos los países. Hoy el país eje de la UE se convirtió en objetivo militar número uno del terrorismo global yihadista del Califato Islámico o estado islámico (EI), precisamente por eso, porque la guerra asimétrica que se libra en el escenario europeo contra los estados que atacan y bombardean las ciudades de Siria e Irak donde el EI reclama un viejo estado fracturado, responden con ferocidad a través del terrorismo, vehículo de guerra irregular al no tener una aviación oficial coaligada como en las dos guerras mundiales donde las principales acciones fueron los bombardeos de las partes. Hoy los bombardeos del contrincante irregular son explosiones clandestinas, sin ejército visible.
No se sabe cuáles serán las próximas fases de la lucha terrorista y la guerra asincrónica de facto en evolución; ya la seguridad paneuropea se ve disminuida, cuando se creía había alcanzado un grado de inteligencia para las fuerzas especiales de la mancomunidad. Los errores cometidos en el caso de Bruselas están a la vista, aflojaron las medidas preventivas sobreviniendo la sorpresa nefasta.
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