Abril

Fabio Cardozo

Este mes no solo llegó con lluvias escamoteando el fantasma del racionamiento, sino con el anuncio “por fin” de la formalización de los diálogos con el ELN y la conmemoración nacional del día de las víctimas.

Luego de 50 años de guerra, Colombia cuenta con más de 8 millones de víctimas, el Valle del Cauca con más de 500.000 -constituidas en lo fundamental, por personas en condición de desplazamiento forzado-. Sin embargo, es de notar que todos los indicadores relacionados con el conflicto armado han ido cediendo en el país, a partir de la declaratoria del cese al fuego unilateral de las Farc,  me refiero al secuestro, a las muertes y heridos, por la reducción dramática de los combates, voladuras a la infraestructura petrolera y otros, salvo la cifra de desplazados.

La explicación ofrecida de este fenómeno en el orden nacional es la existencia de una “nueva generación” de grupos paramilitares; sin embargo, en el departamento este fenómeno se revierte: en el 2013 la cifra de desplazados fue de 26.850, en el 2014 de 29.378, pero en 2015 cae a 8.175 y en este 2016 se han relacionado 84.

Estos datos son interesantes, en la medida que marcan una tendencia que apunta al decrecimiento del número de víctimas, facilitando la tarea de los organismos encargados de la implementación de la Ley de Víctimas, sin desconocer el desafío existente. Un acuerdo de paz con las Farc y el ELN, así  como el combate sin vacilación de los grupos paramilitares, es la mejor decisión política para cumplirle a las víctimas y en favor de las potenciales, que somos todos.

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