No me refiero al personaje de James Bond que interpreta a su jefe de seguridad. Tampoco sobre el escatológico lugar donde nos gustaría enviar a quienes nos han hecho pasar malos ratos. Titulo M esta nota para referirme al dinero, una singular mercancía que tipificamos con la letra M por la inicial de su nombre en inglés.
El dinero siempre ha sido una mercancía especial. De hecho ha sido el mejor invento humano para dar solución al problema implícito del trueque: el de la necesidad de la “doble coincidencia de los deseos”. Sin embargo, para que esta mercancía cumpla con el valioso papel de medio de cambio, debe además de ser durable, transportable, divisible y limitado, ser plenamente aceptado. Aquí una de las paradojas más fantásticas del orden económico: el dinero se acepta por el simple hecho de que es aceptado.
No es necesario que tenga valor por sí mismo, cosa que puede legitimar el recluso que no fuma pero que valora los cigarrillos que tiene en su bolsillo porque puede adquirir con ellos cosas en la prisión.
Entonces, a la luz de lo anterior, ¿es el nuevo billete de cien mil un buen ejemplo de dinero? ¿Será aceptado como medio para las transacciones del día a día? ¿Propiciará manejos de efectivo sin control, característica propia de mercados ilegales? ¿Fomentará la desintermediación bancaria? Las respuestas a este experimento las tendremos pronto.
P.S.: Increíble la pobre difusión que le dieron los grandes medios a la marcha del 2 de abril. La supremacía de las redes sociales en el ámbito de la comunicación es hoy indiscutible.
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