Los taxistas están encontrando en Uber un competidor que ha venido conquistando usuarios del transporte público a través de un servicio de calidad, con mejores autos y conductores amables y respetuosos de su trabajo.
Esto ha llevado a muchos taxistas a protestar porque, según ellos, esa compañía realiza una operación desigual al no contar con las condiciones, restricciones y regulaciones que le son aplicadas al gremio de los “amarillitos”.
Pero para mí, el principal problema de los taxistas no es Uber, sino el deficiente sistema de taxis y las deplorables condiciones laborales de los taxistas, sin salarios fijos, sin prestaciones sociales y sin vacaciones.
Cali cuenta con cerca de 20 mil taxis, teniendo a la gran mayoría de los conductores “matándose” y rebuscándose pasajeros todos los días, tratando de completar las altas cuotas diarias impuestas por los dueños de esos vehículos.
Esto hace que ese trabajo tenga a este gremio lleno de preocupaciones y agotado por no cumplirle las responsabilidades de entrega a su patrón y a sus familias. Entiendo que los taxistas peleen con cierta razón para que no les sean vulnerados sus derechos, pero también deberían pensar en cómo mejorar la actitud frente a su trabajo, en ser más respetuosos de los clientes en el trato y en el cobro de las carreras, en vez de estar pendientes de una competencia – que aunque podría verse como ilegal – ha venido ganado terreno por demostrar mejor atención al usuario.
El 80% de nuestros taxistas son personas que conducen con necesidades y desconocen el valor de mantener un buen servicio y eso hace que empresas como Uber hagan diferencia.
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