El paro de ayer de los conductores del operador GIT Masivo del MIO es un nuevo episodio en la larga cadena de infortunios del sistema. Antes de la Semana Santa habían sido los empleados de Unimetro los que se habían tomado la Catedral buscando soluciones a sus problemas laborales.
Lo cierto es que los conflictos contractuales entre empleados y empresas son del ámbito privado, lo que nos concierne a nosotros es como estos problemas afectan la prestación del servicio público de transporte.
Lo que me desconcierta es que en ambos casos las autoridades notificaron una prestación “normal” del servicio. ¿Cómo puede eso ser posible? Pues en Cali es posible porque lo normal es que no salgan todos los buses, que las rutas no se cumplan, que los usuarios tengan que hacer largas esperas y que los buses vayan repletos.
La realidad es que cada día, por diferentes motivos, ya sean técnicos, por falta de insumos o por paro de los conductores, deje de salir a la calle cerca del 30% de la flota.
Lo triste es que los ciudadanos están acostumbrados a que el sistema no opere al 100%, por eso el paro al parecer afectar. Esta resignación social es lamentable pues el mal servicio afecta la calidad de vida de los caleños con menos posibilidades económicas.
El tiempo libre es un derecho que se afecta cuando el transporte es un problema como sucede en Cali. El MIO fracasó y hay que reconocer esta realidad para avanzar hacia una solución.
Es un error que las administraciones sigan pensando en fórmulas para salvar financieramente a los operadores del MIO. Su deber es buscar soluciones alternativas eficientes para prestarle a los caleños un buen servicio de transporte.
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