A pesar de que el Papa Francisco impulsa la renovación de la misión de la Iglesia, en la Semana Santa que se avecina no faltarán ceremonias que simplemente repasarán lecturas sobre la pasión y muerte de Cristo. Sermonearán sobre el pecado y la salvación de las almas.
Se hablará del amor, el perdón y la justicia. Pero, faltarán las reflexiones desde nuestra realidad social, sobre el proceso más inicuo de la historia, como fue el adelantado por Pilatos, Herodes, Caifás y el Sanedrín contra Cristo para condenarlo a la pena de muerte. El juicio contra Jesús estuvo viciado de acuerdo a las leyes procedimentales judías: acusado de delitos no tipificados, declararon dos testigos falsos, jamás aceptó los cargos imputados y el proceso se adelantó sin garantías en horas nocturnas no judiciales.
En Semana Santa podríamos sentir algo similar a cuando en el colegio escuchábamos clases de castellano que no analizaban los contenidos sociales de las ficciones literarias. ¿Será otra Semana Santa con sermones y siete palabras que no presenten a ese Jesús que le desconocemos su praxis y su pensamiento? Si Jesús ameritó que los historiadores señalaran la cronología de las épocas con el antes y después de Cristo, precisamente fue por su accionar social liberador.
Además de la falta de contextualización social e histórica en las homilías, también preocupa que las encíclicas papales y los documentos episcopales sigan engavetados como tratándose de pronunciamientos vergonzosos. Esperemos que en la Semana Santa que se avecina los sacerdotes sí reivindiquen esa cara humana y social que se le reclama a la Iglesia.
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