Hugo E. Gamboa Cabrera

Cuando el poder se vuelve obsesión

Hugo E. Gamboa Cabrera

Álvaro Uribe Vélez cometió ese error, el de obsesionarse con el poder. Hizo un magnífico primer gobierno, pero en el segundo se desgastó enormemente, cometiendo la torpeza de querer un tercer mandato, una exageración. Eso sirvió para que lo tacharan de derechista radical y de allí en adelante todo lo que huela a ideología de derecha es satánico.

Eran los tiempos del populismo izquierdista orientado en Suramérica por los hermanos Castro desde Cuba y fielmente ejecutado por Hugo Chávez, quién desde Venezuela montó todo un tinglado para que esa ideología se tomara todo el poder latinoamericano, gracias al petróleo que generosamente el “chamo” utilizaba para comprar conciencias.

Así fue como Ortega en Nicaragua, Evo en Bolivia, la familia Kisnerch en Argentina, Correa en Ecuador, Lula en Brasil y otros de algunos países centroamericanos, todos de la izquierda radical, se convirtieron, según muchos, en los “paladines” de la democracia y en reivindicadores sociales.

Pues al cabo del tiempo, como sucedió con Bogotá, donde la izquierda volvió chicuca la capital, nos está tocando ver a esos países, refundados constitucionalmente—para poder reelegirse muchas veces—llevados del diablo en todos los sentidos. A Evo Morales, los mismos de su etnia, le acaban de decir no más, “estamos cansados de tanta corrupción”, mal generalizado por estos lados. Que nos puede indicar eso, que a la izquierda le encanta el poder con el peor de los postulados políticos que puedan existir, el populismo, que acaba con libertades y respeto a la libre inversión.

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