El escándalo por la publicación en La FM de una conversación sexual del exviceministro Carlos Ferro con un policía y la renuncia de Vicky Dávila como directora de dicha emisora propició un debate sobre el papel de los periodistas.
La reacción de la opinión pública en contra de Vicky Dávila nos manda a los periodistas varios mensajes sobre nuestro quehacer. Cada día es más relevante la participación de los ciudadanos en la estructuración de los mensajes y en la orientación de la agenda de los medios.
Hoy los periodistas estamos al servicio de una sociedad más informada, con mayor criterio, con deseos de opinar, de decidir y de influir. Sin embargo, también convivimos con mayores presiones políticas y económicas que determinan de alguna manera la actividad empresarial de los medios de comunicación.
El episodio en mención puso en evidencia que la audiencia, aunque proclive a los temas sensacionalistas y morbosos, quiere que marquemos un límite entre las esferas de lo público y lo privado.Igualmente, nos ratifica que no estamos frente a audiencias pasivas y sin criterio que aceptan sin cuestionar nuestros mensajes.
La severidad de las críticas y la orientación de los mensajes también me hacen pensar que los ciudadanos le pasaron a Vicky Dávila una cuenta de cobro dirigida a todos nosotros.
Es evidente que los colombianos no ven en los periodistas profesionales al servicio de interés general sino ególatras serviles de los poderosos. El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
La triste experiencia de Vicky Dávila nos debe servir a todos. Es necesario que los periodistas meditemos sobre nuestro papel en la sociedad y sobre nuestra forma de relacionarnos con ella.
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