Miguel Yusty

El narcotráfico y el ELN

Miguel Yusty

Los procesos de Paz y de Negociación se caracterizan por el tipo de banda o de fuerza insurgente con que se negocia. La historia de las guerras de liberación sucedidas a partir de la década del sesenta y consolidadas desde 1970 llegaron a copar el llamado tercer mundo con la presencia de más de setenta y cinco conflictos en Asia, África y América Latina.

Cada uno de ellos asumió los esquemas de la guerra prolongada y por etapas, la guerra popular o la guerra del pueblo. Los matices los marcaron el comunismo soviético, el maoísmo y la revolución cubana.Los dos primeros determinaron la ruta de la toma del poder de la FARC y el EPL. El segundo determinó el accionar del extinguido M-19 y del ELN.

El ELN estableció hasta hace una década una negación absoluta de articular el narcotráfico como una variable de su lucha terrorista. Se comportaron como los típicos guerrilleros urbanos con estructuras integradas por sectores obreros y la pequeña burguesía estudiantil.

Sus frentes ubicaron como centro de su botín la infraestructura petrolera, sometiendo al nororiente del país a varias décadas de oscuridad. El terrorismo y el secuestro fueron su común denominador. Su naturaleza diferente a los otros grupos los hizo mantener una postura de una supuesta guerra de liberación y una alternativa permanente de asaltar las ciudades, tal como en su momento lo hizo Fidel en Cuba.

Como el presidente Santos y el equipo negociador no han establecido un parámetro que tipifique la naturaleza del ELN están en un callejón sin salida, pues al no estar desmontada la economía del narcotráfico el fantasma de una lucha territorial por copar los espacios dejados por algunos frentes de las FARC se puede convertir en un conflicto quizás más sangriento que el que se está desmontando. Es bueno advertir que el ELN ha frustrado todos los procesos de negociación tanto dentro del país como fuera de él.

La gran encrucijada para el futuro postconflicto es que desde todo punto de vista parece un imposible que los lideres de este grupo terrorista renuncien al futuro inmediato de controlar la economía del narcotráfico y por supuesto una alianza a todas luces rentable con algunas facciones y frentes de las FARC y por supuesto con las estructuras del crimen organizado que ya decidieron convertir las ciudades en un mercado tan lucrativo como el comercio internacional de drogas.

Surge además dos preguntas: ¿Será que estamos ante un nuevo desafío diferente al de las FARC? y ¿Quién se quedará a sangre y fuego con las rutas del narcotráfico que las FARC no ha entregado?.

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