Interesado en que el sistema de transporte masivo no se convierta en un pequeño actor de la movilidad en la ciudad, por las funestas consecuencias que acarrearía para el colectivo, reanudo con algunos de los señalamientos por mal servicio imputados al MIO. El elemento con mayor rechazo es, sin duda, los inconvenientes transbordos a los cuales se somete al ciudadano para llegar de un destino a otro.
La modelación de las rutas cambió el sistema ágil del antiguo colectivo a un método tortuoso de abordajes con entre 2 y 4 cambios en un mismo trayecto, todo con el fin de preservar la particularidad de la integración del sistema.
De seguro la teoría de movilidad y los modelos académicos arrojan esas recomendaciones, pero la simple realidad demuestra que ese solo factor ha fomentado una gran deserción por las crecientes demoras y el estrés causado en el traslado a los destinos.
De igual manera los operadores actualmente no utilizan toda la flota programada por el gestor, aduciendo para ello sus impedimentos financieros, añadiendo otro problema al servicio por la baja frecuencia de autobuses incrementando el rechazo en los usuarios.
Y como guinda final los caleños perdieron la poca cultura entorno al sistema, ya ni siquiera se respetan los asientos azules para las embarazadas o los adultos mayores, además del vandalismo al que someten las puertas de las estaciones y demás mobiliario, acentuando la crisis.
Necesitamos retomar lo que era, un ejemplo de cultura ciudadana, corregir los errores de planeación en rutas, priorizar la construcción de la infraestructura faltante, para así evitar su ruina ajustándolo a las necesidades ciudadanas.
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