He aquí un título que transporta nuestra imaginación a mundos voluptuosos; pero, si así fuera, requeriría de más de un centenar de columnas para abordar los inconvenientes que seguramente existen en ellos.
Con el título de esta nota hago referencia a la problemática que se presenta por el abuso que cometen los administradores y los consejos de administración de las copropiedades.
Si bien es cierto el desarrollo de las ciudades, y de manera concreta, el aumento de la densidad poblacional urbana ha generado el boom de la figura de la copropiedad, también lo es el hecho de que –y parece increíble- no exista en la actualidad un ente regulador que las vigile y controle. Por esta razón es muy común encontrar administradores que se creen reyezuelos y que obran y abusan a diestra y siniestra, manejando presupuestos casi que sin control y, lo que es peor, a la sombra de consejos de igual pelambre.
Las arbitrariedades se encuentran a la orden del día: impedimentos a morosos de realizar trasteos cuando la mejor garantía que existe es el mismo inmueble, obstrucción en la entrega de información, exigencia a copropietarios para que asuman gastos por concepto de ascensor cuando no los usan, etc. y etc.
Si este tipo de abusos se presentan, las víctimas tienen hoy como defensa los elementos que brinda la justicia ordinaria: tutelas, demandas de impugnación o denuncias si las conductas corresponden a extralimitación de funciones con tintes penales. Sin embargo, ya es hora de que entre a funcionar una superintendencia especial, porque los abusos están a la orden del día.
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