Colombia necesita enfrentar el narcotráfico como país productor de drogas y también como consumidor.
Estos componentes nos obligan a hacernos nuevas preguntas y a desarrollar una política integral, sistemática, evaluable, flexible, descentralizada, que consulte las expectativas y necesidades de los usuarios de drogas y que ofrezca respuestas diferenciadas para cada uno de los actores.
Mucho se ha hecho en Colombia para acabar con la producción de sustancias ilícitas. Sin embargo, a la fecha el narcotráfico sigue siendo un negocio lucrativo que ha logrado adaptarse no solo a las estrategias para contrarrestarlo, sino que ha diversificado y ampliado su mercado entre usuarios cada vez más jóvenes.
La estrategia de criminalización y fuerza no solo ha tenido bajos resultados sino que le ha dejado poco espacio a estrategias para atender la creciente demanda del mercado de las drogas. ¿Cómo garantizar la eficacia de los programas de prevención del consumo? ¿Cuál es la edad de ese primer consumo?¿Vamos a prevenir consumo en medio escolar? ¿Cuáles serán las estrategias? ¿Cómo vamos a incluir a los padres?¿Vamos a hacer prevención en medio comunitario?
Las respuestas a estas inquietudes nos permitirán cambiar la forma como medimos el éxito de la política contra las drogas e incluir una nueva métrica como, por ejemplo, el número de territorios recuperados del espiral de violencia. Es urgente un enfoque que vaya más allá de la fuerza y que consolide una política integral, resistente a la corrupción, que persiga a las organizaciones de narcotraficantes pero que al mismo tiempo se ocupe de los eslabones más débiles con medidas de prevención, salud pública y derechos humanos.
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