Las cosas que hace el gobierno de Santos preocupan mucho, sobre todo cuando hay un ministro famoso por lo de Dragacol.
No son ganas de molestar o criticar. No. Solo que es un gobierno que da mucha papaya, que actúa de espaldas a la realidad nacional, con mucha retórica e insensibilidad.
Nos van a meter una tercera reforma tributaria, donde nos cobrarán hasta el sueño pero, mañosamente, para no perjudicar los 4 millones que se requieren para el “plebiscito de la paz”, la dejan para después. Se gastaron $600 millones en cortinas para el Palacio de Nariño, mientras en la Alta Guajira se mueren de sed y desnutrición.
Le compraron a la primera dama, doña Tutina, un jet que costó 22 millones de dólares, para que se movilice por el país y por el exterior, haciendo “labor social”, mientras el país padece las consecuencias del cambio climático.
Le ofrecen a los reinsertados de las farc un sueldo mensual de millón ochocientos pesos y al salario mínimo solo le brindan 45 mil.
Cambian un activo como Isagén, con hidroeléctricas, cuencas y biodiversidad natural incluidas, por unas vías 4G, que están por verse, pues se rumora que ese dinero será enviado a los alcaldes colombianos para que promuevan el voto por la paz.
Mientras tanto, la industria nacional rezagada, un déficit fiscal creciente gracias a la mermelada y a la corrupción, una impresionante ola de artículos de la canasta familiar llegados del exterior a precios del dólar actual y el país ahí, impávido, sin saber cuál es su futuro. Pero somos un bello país.
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