Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Otra hazaña del guerrero

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Roguemos que Ciro Guerra gane el Premio Oscar para ver si cambia nuestra estima por el cine colombiano.

Será porque por mucho tiempo sólo fuimos consumidores del cine de  Hollywood,  que se den estos fenómenos, por ejemplo, que esta vez sí creamos en el talento de nuestros cineastas. Recuerdo que en mayo del año pasado, cuando nuestro guerrero fue ovacionado y galardonado en el Festival de Cannes y mientras El abrazo de la serpiente se exhibía con éxito en las salas europeas, aquí se sostuvo apenas unos días en la cartelera nacional debido a la pobre respuesta del público colombiano.

En cambio desde  hace algunas semanas, cuando se volvió a hablar de la película porque  empezó a sonar entre las nominadas al premio que concede  la Academia  Norteamericana de Cine,  sí llama la atención de los cinéfilos, tanto que me ha sido imposible repetirla,  porque  cada vez que me acerco a la taquilla se agota la boletería. Bueno,  aunque sólo le creamos a los premios gringos,  lo importante es que esta coyuntura del séptimo arte nos  sirva para que aprendamos a apoyar y a amar las producciones nacionales.

La  nominación al  Premio Oscar  es un  reconocimiento a este guerrero cuyas películas se distinguen por esa profundidad que estimula  la reflexión y nos incita a investigar. El abrazo de la serpiente me remitió a repasar tres libros  que se pronuncian sobre  los problemas que ahora Ciro Guerra retoma: Brevísima  relación de la destrucción de las Indias, de Bartolomé de las Casas; La Vorágine, de José Eustasio Rivera, y Siervos de Dios  amos de Indias, de Víctor Daniel Bonilla.

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