Por ser hijo del Nuevo Mundo mi conocimiento sobre ceremoniales de coronación se circunscribe a los sesenta y cuatro escaches del ajedrez. Pero el sentido común me dice que así como es imposible reversar un peón que se ha coronado cuando alcanza la octava fila, por esa famosa sentencia “ficha tocada, ficha movida”; hay un no sé qué alrededor del protocolo real que me hace pensar que una vez coronada una cabeza es imposible despojarla de su nobleza.
Y me atrevería a creer que actos rituales y simbólicos como lo son una coronación, canonización o unción tienen gran similitud con la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida, semejanza en la imposibilidad de echar marcha atrás.
Por lo anterior, lo que aconteció el domingo pasado con la supuesta y vergonzosa equivocación en el momento de la coronación en el reinado universal de la belleza me genera inquietudes.
¿No habría sido mejor para la credibilidad de la organización del reinado haber pasado el error y que nadie jamás se hubiese enterado? O, ¿estamos ante un “error” estratégico cuyo fin era aumentar raiting? Ciertamente es y será banal el tema aquí tratado y con seguridad, dada su superficialidad, veremos memes a propósito llenando las redes sociales; sin embargo, deseo en estas cortas líneas cantar a nuestra soberana a la colombiana por supuesto apartes de la primera y segunda estrofa del himno inglés: Dios salve a la reina. Dispersa a sus enemigos y haz que caigan. Confunde sus políticas y frustra sus ardides.¡Dios Salve a la Reina!
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