Alberto Ramos Garbiras

El plebiscito como constancia

Alberto Ramos Garbiras

La refrendación prometida al comienzo del proceso de paz, ahora sobra porque ambas partes (Gobierno y guerrilla) tienen sus delegados seleccionados por las cúpulas y ambas partes tienen reconocimiento ante sus dirigidos (los ciudadanos, de un lado, y la tropa subversiva, del otro).

El Gobierno fue reelegido para que logre la Paz, ello demostró la votación necesaria y le otorgó el mando sobre la Fuerza Pública, la representación de las relaciones internacionales y depositó la soberanía en el mandatario nacional para ejercer la soberanía interior y la exterior con la representación ante los otros estados y los organismos multilaterales.

Además la soberanía interior implica que debe lograr los propósitos y fines del preámbulo de la Constitución, entre ellos la convivencia y la paz. Desde la otra cara, la guerrilla con una comandancia visible, el Secretariado, pese a todos los altibajos se ha mantenido al mando de los frentes guerrilleros, pero cada vez que ordena combatir o cesar el fuego  se ven los efectos o resultados, por lo tanto, son acatados.

De esta manera lo que decidan las partes en la mesa de negociación está implícitamente relacionado con las bases sobre las que existen y operan.

El plebiscito aunque sea de una sola pregunta no produce efecto de reforma constitucional, así, no abona nada a la implementación, solo es un acto simbólico de pronunciamiento popular. Conlleva a un desgaste porque no tiene más atractivos.

Y ya los electores se expresaron por la paz al ungir a Santos como el gestor de este valioso intento para acabar con un conflicto de 51  años.

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