Cali, septiembre 22 de 2026. Actualizado: lunes, septiembre 21, 2026 19:37
Si los cabecillas de las Farc quieren llegar al Congreso, deben someterse a la elección popular, cualquier otro camino es inadmisible.
Una de las condiciones que pone la guerrilla de las Farc para transformarse en un movimiento político es que se le asignen de manera directa curules en el Congreso de la República, asambleas departamentales y concejos municipales al menos por dos periodos; es decir que la aspiración del grupo armado ilegal es tener congresistas, diputados y concejales mínimo por ocho años sin necesidad de someterse a elección popular.
Si para la gran mayoría de los colombianos resulta complejo “tragarse el sapo” de la participación en política de los cabecillas guerrilleros, la entrega de curules directas a las Farc es una idea prácticamente imposible de vender; en una democracia los espacios políticos se conquistan, no se imponen, y, por lo tanto, si los cabecillas guerrilleros quieren ocupar curules en las corporaciones públicas, deben ganarlas en franca lid en las urnas.
Si “Timochenko”, “Iván Márquez” y todos los demás quieren llegar al Congreso de la República, tienen que someter su propuesta de país al veredicto soberano de los colombianos, como lo hacen todos los actores políticos; si se hiciera lo contrario, se estaría actuando en contra de la democracia.
Esta exigencia es una señal irrefutable de que los jefes de las Farc temen que los colombianos les cobren en las urnas sus excesos, pero si quieren entrar a la política, tienen que hacer política, y parte de eso es hacer campaña a partir de los argumentos.
En un sistema democrático es imposible admitir otra forma de llegar a las corporaciones públicas diferente a la elección popular.
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