En los 27 años que lleva la elección de alcaldes, Maurice Armitage es el único burgomaestre electo que ha proyectado la reconciliación en todo: movilidad, empleo, seguridad, agua, hambre, etc.
Ha invitado a “trabajar juntos para hacer de Cali una empresa de todos”, lo cual suena bien, teniendo en cuenta que el alcalde fue elegido por el 38% de los ciudadanos. También ha sido el único que traza como principal estrategia la generación de ingresos y trabajo. Por ello, pensamos que por lo menos en la formulación de las primeras 72 horas parece que llegó el cambio.
La problemática de la ciudad es mayor y a la “cacareada” cifra de $420 mil millones de libre destinación para el 2016 le sale la “obligación de hacer” obras incumplidas por valorización, por un mínimo de $1.2 billones de las 21 Megaobras, ya pagadas y facturadas; lo que no solamente arrasa con el sistema, sino que afecta el marco fiscal de mediano plazo del Municipio. Y lo preocupante es que no lo analizaron los candidatos en campaña.
La movilidad se convirtió en el tema central del debate, con el fracaso del MIO, donde la cultura informal del vehículo pirata se apoderó de la ciudad. También la solución al agua es prioritaria. Ojalá la tecnocracia no se confunda de nuevo, antes con reservorios y ahora dizque limpieza de canales.
La reforma administrativa del Municipio, la inversión en seguridad, el fracaso de la vivienda social, la salud en estado comatoso, las relaciones con el Concejo, la renovación urbana, etc., exigen una cirugía que no la practicó exitosamente Guerrero y la única forma inicial es la versión Armitage: con la unión de los caleños.
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