Aunque muchos hablen de fiesta electoral al referirse a lo que se vivirá este próximo fin de semana, para muchos como yo la fiesta está aguada, porque lo que debería ser una expresión de la democracia es un tema totalmente desvirtuado si uno se pone a analizar lo que pasa en la realidad.
En elecciones se habla de maquinarias que no son más que estructuras que tienen como objetivo lograr la mayor cantidad de votos a cambio de algo. El problema es que sus acciones no son más que una sumatoria de arbitrariedades en las que todo vale.
Lástima que sea tan difícil probar lo que muchos saben que pasa por debajo de cuerda. Se habla de la entrega de miles de mercados en esta semana para conseguir votos, de millonarias sumas para convencer a los líderes comunales que aseguren votos y eso sin contar la tortura a la que están siendo sometidos los empleados públicos para que ellos, sus familias y hasta amigos voten por el que toca o pierden el puesto. Obvio nadie esta dispuesto a decirlo abiertamente o pierde el puesto pero que está pasando, está pasando. Ya esta semana el candidato Michel Maya interpuso una demanda al respecto en la Alcaldía y aunque nadie lo denuncie en la Gobernación es igual.
Entonces mientras ruedan las maquinarias y cada elección de mandatarios huele mal y hastía a quienes no venden su voto, los grupos políticos siguen saliéndose con la suya y las ciudades terminan en manos de personas que ni la conocen, ni saben como gobernarla y lo más triste, ni les interesa. La democracia será una verdadera fiesta el día que todos los que por cansancio y rebeldía con todo lo que pasa en las urnas se levanten de sus camas con la convicción de derrotar tanta manipulación. El día que se venza al abstencionismo, se vencerán las maquinarias y llegará al poder quien de verdad piense en la ciudad y en sus ciudadanos, no en sus negocios y negociados. Algún día…
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