Hace más o menos dos fines de semana, saliendo de la sede campestre del Deportivo Cali en Pance, quedé asombrado cuando al pasar el puente sobre Río Claro me encontré con un lecho moribundo y una serie lastimosa de pequeños charcos donde solo se crían renacuajos.
Posteriormente he visto con tristeza toda la serie de informes que sobre la huella ecológica de Cali han sido publicados por la prensa.
Igualmente en desarrollo del debate de candidatos a la Alcaldía se volvió a tocar el tema del racionamiento y, lo que es más grave, de una segunda intervención a Emcali con fines de liquidación.
Igualmente, en el curso de esta semana me causaron interés algunas declaraciones del Personero de Cali.
El tema del agua parece desplazar en importancia a los ya clásicos lugares comunes de la inversión social, la educación, la salud y con alguna dificultad el drama de la inseguridad.
El mundo ha decidido, con Obama a la cabeza, que terminadas de ejecutarse las 8 Metas del Milenio, el otro gran proyecto global será el del Desarrollo Sostenible, donde el agua es la columna vertebral, remplazando fortunosamente el papel de los hidrocarburos y los metales preciosos.
Como lo dijo el Personero, el racionamiento no es producto del cambio climático, si no de las élites gobernantes que instrumentalizaron como un negocio propio a Emcali, llevándola a 12 años de intervención y entregada de nuevo a la administración Guerrero, quien no ha escatimado esfuerzos para retomar esta empresa, regalándola a los mismos caballeros de industria que la llevaron a la crisis pasada y que hoy la tienen al borde de la liquidación, y a la ciudad, adportas de la sequía.
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