Llegó octubre con sus celebraciones: el turismo, el árbol, el ahorro, la raza, el artista nacional, la música colombiana y el niño. Al decretarse la semana del turismo exclusivo para los estudiantes, se redujo a un mero receso escolar.
En otrora cantábamos y practicábamos… “plantemos nuevos árboles/ la tierra nos convida/ plantando cantaremos el himno de la vida…”, pero ahora será un día de requiem para los millares de bosques incinerados.
El ahorro ya es mera fantasía porque la inflación y el precio del dólar vaciaron los marranitos que antes rebosaban de monedas.
Los artistas nacionales siguen sobreviviendo sin seguridad social. La música colombiana es relevada por la extranjera y la meramente comercial. Los niños siguen siendo desnutridos, abusados, explotados y desprotegidos.
En otrora había una primera historia que contaba el maestro, cuando ni siquiera nos había hablado de la literatura, sobre la vida del precoz niño genovés Cristobal Colón, que junto al mar observaba cómo los barcos se perdían en el horizonte, cosa que lo animó a su hazaña de llegar a América en tres barcos de vela.
Sin embargo, no volvieron a hablarnos ni nos aclararon si fue descubrimiento, encuentro, encubrimiento o invasión, conformándonos con saber que el intrépido marinero dijo que “la tierra es redonda como una naranja” y celebrando cada 12 de octubre el día de la raza.
Pasamos de agache hacer el análisis de su trascendencia universal, que cimentó la historia económica y cultural de las naciones latinoamericanas. Podemos decir que llegó octubre con sus tristezas, mes de celebraciones mentirosas y sequías que nos acechan. ¿Se anestesiarán nuestros padecimientos mirando en el comercio a Papá Noel y los adornos anticipados?
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