Hugo E. Gamboa Cabrera

¡Qué miedo!

Hugo E. Gamboa Cabrera

La señora Ortega, fiscal general de Venezuela y Eduardo Montealegre, el de Colombia, se parecen harto.

Se creen infalibles, intocables, impecables. Pero resulta que están equivocados. El actual fiscal general, después de ser ungido por el presidente Santos, luego de ser contratista de alto nivel en el Palacio de Nariño, adoptó una posición de emperadorcito que en vez de producir confianza se convirtió en una espada de Damocles contra todos aquellos que ideológicamente no son de su postura.

Sabemos que alguna vez fue miembro activo de la Juco, de donde seguramente provienen sus rencores y odios, y ha aprovechado el poder de su cargo, que no es infinito, para descargar sus malestares y su ego.

Es conocida su altisonancia siendo magistrado de la Corte Constitucional. Su ira “santa” contra Sandra Morelli por que le sacó los trapitos al sol con el aberrante caso de corrupción en Saludcoop, donde este señor era asesor muy bien pago. Ahí la tiene en entredicho judicial mientras el señor Palacino, su amigo de la EPS mencionada, vive dichoso en Miami.

No quiso declarar el crimen de Álvaro Gómez Hurtado como de lesa humanidad, por no tener que abrir proceso contra algunos de sus amigotes. Trató de apoderarse de los diálogos de La Habana, pontificando y declarando inocencias por doquier.

Se creyó el non plus ultra con el caso de Sigifredo López, del que se arrepintió. Violó la intimidad de Carolina Sabino, chuzándole el teléfono a su hermana Lina Luna, esposa del hacker Sepúlveda. Y ahora aparecen contratos con los que paga favores. Por Dios. Y los del poder en pleno, haciéndose los pendejos, gracias al rabo de paja. Nuestro país merece respeto.

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