Miguel Yusty

La paz y el Presidente

Miguel Yusty

Desde que se iniciaron las negociaciones de La Habana con las Farc, el presidente Santos y sus voceros han manejado como muletilla la consigna que dice que “la firma está a la vuelta de la esquina”.

Cada que se presenta una crisis, cada que sale una encuesta donde el 80% de los colombianos desconfía del proceso, el régimen se moviliza a cambiar el orden de las variables de negociación volviendo a recurrir a la muletilla de la firma inmediata.

Para recomponer la iniciativa, el Presidente ha contado con un escenario: el Estado debe crear unos mecanismos para elaborar las leyes y para refrendar lo negociado, que en su orden son: la comisión legislativa especial y las facultades al Presidente. Sobre el  nunca bien ponderado “Congresito”, dejemos que el tiempo dé buena cuenta de él. Sobre las facultades al Presidente quiero ser claro en aceptar, que independiente de mis discrepancias, la historia enseña que son los presidentes quienes firman y establecen las rutas legales y las formas de los acuerdos. En la firma, nada tienen que hacer el Congreso, el Fiscal o el Procurador.

La democracia refrendataria no puede  desplazar el papel que ha encarnado desde el siglo XVIII, en todos los acuerdos de las dos grandes guerras y en las luchas de  liberación, de ser el presidente quien, a nombre de la soberanía nacional, dé por terminada la guerra. Qué tal que a Churchill, Roosevelt, Stalín o Mandela, sus congresistas, sus fiscales, sus procuradores o sus cortes, los hubieran sometido a tener en cuenta cuantas opiniones se hubieren presentado.

La Máxima de Clausewitz, luego de 150 años, de que la guerra la hacen los militares y la negocian los presidentes, sigue vigente.

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