El caso de Jefferson, el hombre que presuntamente había atacado al arquero Viera y resulta que no, nos invita a hacer una reflexión muy seria sobre la ligereza con la que se maneja la información en las redes sociales.
A este joven alguien lo señaló y sin el menor miramiento muchos retuitearon su foto, la compartieron y hasta exigieron justicia. Lo señalaron con términos como “rata”, “escoria” y muchos improperios más. Lo juzgaron y condenaron a la velocidad de la luz.
Su situación en menos de 24 horas paso de ser un perfecto desconocido a ser un hombre buscado por todos a tal punto que hasta se dice que recibió amenazas de las barras bravas del América quienes habrían asegurado estar buscándolo.
Su cara se convirtió en blanco de quienes con justa razón rechazaban lo sucedido al arquero uruguayo.
Pero luego de que se conociera que no era quien había atacado al arquero Viera quienes lo señalaron encontraron una excusa para su error y empezaron a decir que al parecer era un reconocido delincuente del sector. Es decir siguen condenándolo sin tener constancia de nada. Si mañana resulta que tampoco es un ladrón ya ¿quién le devuelve la honra, quién le borra la marca, quién recupera lo perdido?
Ahora si de verdad es un ladrón pues que sea la propia justicia quien así lo determine no quienes no tenemos idea ni de quien es.
No podemos ser tan ligeros con la vida de los demás, porque muchas veces no podemos dar marcha atrás.
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