Caminar por las calles y avenidas de Cali es en teoría grato. Barriadas arborizadas, la brisa refrescante, hermosas mujeres, además de las variedades de pájaros multicolores, quienes generan un impacto que motiva a recorrer la Calle 5 entre las carreras 56 a la 100, el Bulevar del río, San Antonio, San Fernando,
El Peñón, Centenario, las riberas del río entre el puente de la Cervecería y el Zoológico, y la Retreta, entre otros. Todo ello con un resultado indiscutiblemente armonioso y bueno para el espíritu. Pero acontece que por la mala educación de muchos ciudadanos y del crecimiento desordenado, este sano hábito se convierte en pesadilla.
Vemos motociclistas y ciclistas en tránsito sobre andenes y puentes peatonales; vehículos de todo tipo, los cuales irrespetan los cruces con alto tráfico peatonal, como en el cruce del Boulevard del río con el puente de la cervecería; semáforos peatonales dañados, como en la intersección de la Carrera 27 con la Calle 5. Y, como si todo este caos de movilidad no fuera suficiente, aparecen más dificultades por cuenta de las parejas de atracadores en motocicletas, quienes intimidan al peatón desprevenido despojándolo de cualquier objeto.
Todos estos hechos convierten esta entretenida ocupación en situación de riesgo. Ahora, ¿será que lograremos concientizar a los conductores de vehículos de transporte para que respeten con prioridad al peatón por encima del conductor? De igual forma, podremos establecer campañas policiales para disminuir el flagelo del robo exprés, o ¿será una quimera? Al menos, como se avecina el cambio de administración municipal, quizá alguno de los candidatos esboce una propuesta de solución para disminuir ambos problemas. Entonces, tal vez, podamos volver a disfrutar de esta deliciosa actividad.
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