Es frecuente encontrar en las redes sociales a su-puestos conocedores de música condenar otros géneros musicales que no son de su agrado. Seudo eruditos de música clásica, de jazz e incluso de salsa condenan y reprueban a dos expresiones musicales en particular: el reggaetón y la salsa choque. Creo personalmente que es un debate bizantino y se asemeja mucho a la discusión –ya superada- que existió entre el teatro tradicional y el teatro comercial. Y es precisamente de ese anterior debate que extraigo un elemento económico que concedo aplicar cuando escucho reggaetón y salsa choque: el factor consumo.
Que estos dos géneros supuestamente no tengan estructuras concretas y teóricas musicales o que no se reconozca en ellos una tradición no son circunstancias para que no le gusten a una inmensa mayoría. De hecho, en el caso particular de las féminas, me sorprende como ellas al escuchar estos dos géneros musicales, inme-diatamente hacen que sus curvilíneos cuerpos emprendan de manera instintiva una danza especial sin reparar en estúpidos argumentos intelectuales.
Mi conclusión: si estos dos géneros musicales no pertenecen para algunos al conjunto circunscrito por la inteligencia lógica y racional, sí representan con plena certeza una expresión musical visceral que se alinea con la inteligencia corporal.
Y para terminar esta mini defensa, subrayo como conclusión que hoy es la sociedad de consumo la que define lo que es y lo que no es cultura, y como tal, si es digno o no de ser consumido, digerido o escuchado. Y, lo más importante, esta condición sólo se presenta si nos encontramos en el escenario donde la libertad de elección sea respetada.
rodrigofernandezchois@hotmail.com
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