El Colegio Marco Fidel Suárez en Bogotá está de luto y nosotros también. Veintiún menores de edad, que estudiaban en el plantel, sufrieron intoxicación masiva por una sustancia hecha a base del polvo de un extintor.
Un estudiante falleció y los demás se encuentran bajo observación. Estos hechos prendieron las alarmas sobre el consumo de sustancias psicoactivas en el ámbito escolar.
En Colombia, nuestros jóvenes están siendo presa de la calle y la presión por consumir drogas sin acceder a herramientas efectivas de información y prevención, sobre consumo temprano. Prevenir no es fácil. Podemos empezar por revisar cómo se está construyendo el currículo de formación de nuestros docentes, cuál es el enfoque de abordaje del consumo de sustancias psicoactivas en el ámbito escolar, qué herramientas se están ofreciendo al maestro para el manejo con los padres de familia y con la comunidad.
En nuestro país existe una tendencia natural a mirar el sistema educativo como un arbolito de navidad al que se le van colgando constantemente bolitas y adornos, me refiero a casos como el de la cátedra de paz, de derechos humanos, de educación sexual, sin proveer al maestro de la información necesaria para abordar esas tareas.
Es necesario que el maestro cuente con información clara y coherente, que aprenda a distinguir entre uso de drogas por única vez, el consumo ocasional, el hábito que presenta cambios comportamentales observables, y la verdadera adicción o dependencia que debe ser diagnosticada por un especialista.
Finalmente, y aquí entramos todos a apoyar a nuestros maestros, es necesario fortalecer las actitudes sociales de protección a los jóvenes frente al consumo, pues más allá de un programa efectivo de prevención, lo que necesitamos es una extendida cultura de prevención.
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