Las vacaciones universitarias y estudiantiles, sumadas a la campaña política para escoger el nuevo alcalde de la ciudad, así como el verano nos han anestesiado un poco frente a la crisis de Metrocali como operador del MIO.
De antemano sabíamos y lo escribimos en éstas páginas editoriales, que las soluciones planteadas y ejecutadas, que condujeron a la firma de los otrosí contractuales para viabilizar la operación del sistema de transporte de la ciudad eran cortoplacistas. Y ahora con el tercer operador realmente emproblemado es algo muy delicado, para proyectar la supervivencia empresarial y operativa de los concesionarios – contratistas.
GIT masivo le está reclamando $230 mil millones a Metrocali por desequilibrios financieros causados por la ausencia del mercado ofrecido e incumplimientos contractuales, todo por la vía de un tribunal de arbitramento. La cifra es exorbitante y podría llegar a que los operadores pateen la lonchera y el Municipio y los bancos decidan quedarse con el monopolio del transporte urbano de Cali.
Lo sabíamos, el problema es estructural y lleva 10 años la opinión pública escuchando sobre la quiebra técnica del MIO, que no es otra cosa que la imposibilidad económica y financiera de operar el sistema eficientemente, ante la miope visión de todos los administradores de Metrocali, de permitir la planeación, diseño y ejecución del proyecto más importante de Cali, sin un estudio de mercado y sin un plan vial , de tránsito y transporte.
Ahora llegó el cuatrenio de la verdad, 2016 – 2019, no se podrá esconder más, las fallas compartidas de la Nación y el Municipio, para que entre todos, ayudemos a dar solución al principal proyecto de nuestra generación.
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