Luis Ángel Muñoz Zúñiga

La comicidad que anestesia el corazón

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

El amor filial hacia un padre es un sentimiento que expresan los poetas, los cantores, los cineastas y los escritores. Un poema de Jorge Manrique (1440-1479) titula: Coplas a la muerte de Don Rodrigo Manrique, mi padre. ¿Cuál huérfano no derrama una lágrima al escuchar Ya se murió mi viejo, letra de Rodrigo Silva Ramos, interpretada por el dúo Garzón y Collazos? “Recuerdo que de niño/ con él jugaba yo,/ que me contaba cuentos/ hasta que un día murió/”.

El cineasta Alejandro Amenábar nos sensibilizó con su película Mar adentro (2004), historia sobre la vida de Ramón Sampedro, cuadripléjico que en España infructuosamente tuteló le autorizaran la eutanasia, filmado como un hombre íntimo y seductor de la vida.

¿Quién no quisiera poder emular la capacidad literaria de Héctor Abad Facciolince, cuando con su libro El olvido que seremos, exalta la memoria de su padre, defensor de derechos humanos asesinado en Medellín? Diferente sucedió tras la muerte de don Ovidio Gonzales, padre del caricaturista “Matador”, pues nos quedamos esperando el homenaje póstumo a través de los dibujos de su hijo.

Una cosa es que una familia exija con urgencia la muerte digna de su progenitor y otra es caricaturizar a una persona de la tercera edad que padece un cáncer. Eso propició que el caso de don Ovidio, que merecía respeto, pasara de drama público a un motivo de risa, por frases como esta: “Me muero por viajar”.

En el sumario de un informe de prensa decía: “Ovidio Gonzales puede ser el único colombiano al que la muerte le llegó con ocho días de retraso”. ¿Será que en este caso lo cómico se encargó de anestesiar el corazón?

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