Nuestros cerros su-fren de invasiones o asentamientos humanos de desarrollo incompleto, en el verano de quemas, contaminación y explotación minera legal e ilegal de oro, carbón, y materiales para la construcción (canteras).
El problema es tan evidente como voltear a mirar al emblemático Cerro de las tres cruces para ver como “nos hemos comido” la montaña extrayendo materiales de construcción; a la vista de todos y todas el cerro es cada vez menos cerro para dar paso a un bloque árido, color rojizo y pedregoso, como si los caleños y caleñas prefiriéramos ese paisaje acompañado de antenas al de una montaña verde, arborizada, fresca y orgullosamente coronada por tres cruces.
En el sector de Alto Menga las canteras extraen piedras y reducen el caudal de los riachuelos, el cerro de Chipichape sufre por la explotación minera (legal) de una cantera que con sus explosiones afecta el aire y la salud de los habitantes de la Comuna 2. En el cerro de la Bandera (en el sur), la minería ilegal de carbón además de destruir la montaña mantiene en zozobra a la comunidad por las amenazas de los “mineros”.
El río Cali de cuando en cuando se torna de color negro metalizado, según las investigaciones por la minería ilegal que vierte mercurio y otros químicos al río en la parte alta de la montaña. En 6 meses las hectáreas de páramo y bosque afectadas por la minería aumentaron un 152% .
Por esto resulta irresponsable, absurdo e inaceptable que el Dagma, como autoridad ambiental de la ciudad, afirme que no tiene la responsabilidad de efectuar control ambiental sobre la minería legal o ilícita que se ejerce en la ciudad. Se necesita que el Dagma, la CVC y la Alcaldía frenen la minería ya.
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